) – Hacer la siesta ayuda a reducir la tensión arterial, según un estudio presentado en el congreso de la Sociedad Europea de Cardiología que se celebra en Londres. Esto demuestra que dormir es una necesidad humana básica, al igual que comer y beber, aunque muchas personas desconocen que resulta crucial para su salud y bienestar. Según el galardonado cronobiólogo “la siesta es natural, y un patrón de sueño que surgió en Africa hace millones de años y sigue formando parte de la biología humana a día de hoy”.
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Además, la falta de sueño reparador está relacionada con afecciones psicológicas como la depresión y la ansiedad. Con solo media hora de paseo sería suficiente, tras la comida, para obtener los beneficios que decíamos. Es una consecuencia natural del descenso de la sangre después de la comida desde el sistema nervioso al sistema digestivo, lo que provocaba una consiguiente somnolencia. Esto se debe a que si duermen más podrían llegar a dificultad la solución a su problema, tal y como manifiestan muchos expertos en este sentido. Por ello, parar durante un tiempo determinado para relajarnos y echarnos una cabezada puede ser muy beneficioso para calmar los nervios y para mantener a la larga tu corazón y tu sistema cardiovascular sano. Pero no lo decimos nosotros, sino un estudio de la Universidad de Manchester en el que se ha demostrado que las hormonas que nos mantienen activos se “desconectan” tras el almuerzo, de ahí la típica sensación de somnolencia después de comer.
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Sin embargo, según precisa Garaulet, los resultados de esta investigación, recientemente publicada en Nature Communications, se han obtenido de una población inglesa, con una genética y cultura específica, por lo que sería importante replicar estos resultados en España antes de llegar a una conclusión certera en torno a si es bueno o no echarse la siesta para los españoles. Hasta 1,5 kilos en total, aunque tendremos que andar durante media hora, concluye otro estudio, realizado en la Clínica Yasuyo Hijikata de Osaka (Japón), que también indica que hacer ejercicio nada más pegar el último bocado es mucho más beneficioso que tumbarse en el sofá al terminar de comer. De hecho, un segundo estudio publicado por el mismo grupo también en Nature Communications ha identificado genes asociados con la duración del sueño, el insomnio y la tendencia a ser o no madrugador. La hora, el lugar y la duración son algunos de los puntos a tener en cuenta para dominar este arte en el que, si cumples las reglas del juego, puedes maximizar el rendimiento diurno y llegar a la noche sin problemas para conciliar el sueño. Esto sugiere que la siesta favorece el aprendizaje abstracto o capacidad de detectar el patrón general de una nueva información. Un tiempo que corroborarían dos años después la Escuela Médica de Harvard y la Clínica Mayo al establecer, tras una investigación, que la siesta debe durar entre 20 y 30 minutos porque de lo contrario puede causar somnolencia. Si bien estos hallazgos no pueden probar que el sistema inmunitario se recuperó mejor del estrés después de la siesta, parece mostrar efectos favorables de la siesta para controlar las hormonas del estrés después de la privación del sueño. Kennedy y Ronald Reagan aparentemente hicieron lo mismo para romper sus obligaciones del día, y la primera dama Eleanor Roosevelt supuestamente solía tomar una siesta antes de hablar sobre compromisos para calmarse y ser más enérgico y lúcido. Use un temporizador en su teléfono para mantenerse encaminado para que pueda levantarse cuando sea necesario y continuar con su día.